La chincheta.


Me despierto, voy  y meo.
Después friego la habitación,
siempre lo hago.
Alergia al polvo (no al de hacer el amor).
Me lavo la cara, me siento y, sin desayunar, te recuerdo:

Desnuda, muñeca
te paseabas ante mí junto a la cama
en aquella mañana naranja
como las calabazas.

y recuerdo mirarte 
y tú con la misma desfachatez que yo
mirarme.
Pasear lenta ante mí, dejando un destello de nieve
yo, mientras,  pensando que eras un regalo.
Y, casi, cuando nos cansamos de aquella mirada con sabor a combate
tú te apeaste de ella
para mirar al suelo
para no pisar la chincheta ligeramente oxidada.

Vuelvo a mi yo presente, y miro al suelo.
¡Joder! vaya retorno tan rápido y cojonudo, me digo.

Ahora la foto,que sujetaba la chincheta, no está
tú tampoco
yo sí
y la chincheta también,
sigue en el mismo lugar que estaba cuando te fuiste,
y ahora que vuelves a mí en este trabajo diario de olvidarte,
casi la pisas, y de haberlo hecho, te hubieses pinchado.
Imagínate todo el suelo lleno de sangre.
Todo rojo brillando
como una fiesta de espuma, pero sangre.

Fiebre.

Y digo yo, si la física cuántica a demostrado que, el espacio y el tiempo, son ilusiones de la percepción humana, por lo tanto nuestros cuerpos no pueden ser reales si ocupan un espacio. Al final va a resultar que no existimos.
Los especialistas siguen sin encontrar un porqué al bostezo. Para muchos sigue siendo inquietante, entre los cuales me incluyo. Quizá tenga algo que ver con el universo, puede que haya alguna relación con la verdad sobre nuestra existencia.  Puede ser que en lo que dura un bostezo cambiemos de dirección. Dicen que hay once dimensiones. Yo de momento donde mejor estoy es en la cama, durmiendo, porque hoy tengo una fiebre terrible. Tos, también.

Cuerpo, curvo.

Hoy tu cuerpo olía a crudo.
A paisaje de butano.
Se plegaba, y no.
Se movia.

En el rumor de tu boca
se establecía el limite de algo ya pronunciado.
El negror, quizá, de una tormenta.
O el giro veloz de un gato.

No sé, la función de tu cuerpo
revelando ese grito de tan abajo
a modo de toxina salda
protegida por tu intención
salvaje.

Lo disfruté, como un niño,
lamiendo su peso, su humedad.
Respirando su intensidad
sabiendo que ningun otro día
tu cuerpo, se me presentaria igual.

Lo de siempre.

Lo de siempre.
Me levanto y cigarrillo.
Se pierde la ilusión.
Neceser de love
mirada en el espejo
Un vaso de agua

Negrura, love-Sex y tres disparos salvajes

No lo vuelvo a hacer.
Fumar, beber, no lo vuelvo a hacer
Perder la ilusión, no lo vuelvo a hacer.

Sol, love, y tres disparos internos
al estomago.
Después de comer.
Un vaso de agua.

Piedras.


Naci en una casa hermosa, sin excesos, sin demasiado calor. Dicen, que en el frío está — en parte la juventud. Yo ya lo sabía, lo leí en un libro.
Viví deprisa, y despacio también. Comí de todo, de lo mejor, no lo más bonito, pero lo mejor. Sin duda.

Salí del hogar a buscarme la vida, y la vida estaba en parte fuera, y en parte dentro de la casa. Que es la vida sin la familia. Nada.
Pero la vida se tarda en encontrar, lo mismo que se tarde en ver un ligero atisbo de lo que es uno mismo.
Y después una piedra que es la edad.
Que pasa el tiempo, y todo es más complicado y más hermoso.
Y lo que nos va a salvar, es lo que queremos hacer. Lo que haremos en la vida. Hacerlo nosotros, no por capricho, sino para que sea más barato.
Trabajar en lo que nos salva, para que la vida dure lo que deba durar.
Que me salve lo que sea, pero que no duela, y si va a doler, que me den whisky, o cerveza, o vino, o amor. Nocilla.

Retrato de mi (habitación)


A veces miro mi habitación
desde lo más lejano de mí
y veo muchos objetos,
y no sé que son, no sé que hacen ahí.
Otras veces me miro al espejo
y me veo, pero no se que hago ahí.
No sé de que tremendo lugar
salen las cosas que nunca terminan
de saberse.
Hay veces que las ordeno, lo juro,
pero en poco tiempo,
están otra vez desordenadas.
No sé de donde vienen las cosas
que nunca acaban de ordenarse,
quizá vienen de la experiencia,
de la experiencia que no sé.
Y de nuevo no entiendo todo eso de ahí.