Cuerpo, curvo.

Hoy tu cuerpo olía a crudo.
A paisaje de butano.
Se plegaba, y no.
Se movia.

En el rumor de tu boca
se establecía el limite de algo ya pronunciado.
El negror, quizá, de una tormenta.
O el giro veloz de un gato.

No sé, la función de tu cuerpo
revelando ese grito de tan abajo
a modo de toxina salda
protegida por tu intención
salvaje.

Lo disfruté, como un niño,
lamiendo su peso, su humedad.
Respirando su intensidad
sabiendo que ningun otro día
tu cuerpo, se me presentaria igual.

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