Retrato de mi (habitación)


A veces miro mi habitación
desde lo más lejano de mí
y veo muchos objetos,
y no sé que son, no sé que hacen ahí.
Otras veces me miro al espejo
y me veo, pero no se que hago ahí.
No sé de que tremendo lugar
salen las cosas que nunca terminan
de saberse.
Hay veces que las ordeno, lo juro,
pero en poco tiempo,
están otra vez desordenadas.
No sé de donde vienen las cosas
que nunca acaban de ordenarse,
quizá vienen de la experiencia,
de la experiencia que no sé.
Y de nuevo no entiendo todo eso de ahí.

Tu boca por dentro.


Tu boca por dentro es nieve
Es un apocalipsis temprano
Es un olor que excita
Es una cueva cruda
Es un hueco en el mundo
Es donde yo me escondo cuando duermo
es el hocico de un animal, que me busca.
El color macizo de la podredumbre
me ofrece donde sentarme:
un prefijo templado en un golpe biológico.

La vida

Silencio en expansión, un instante de luz en la nada.

Luego me lo dices.




Me hablas a una distancia de un metro y trece centimetros.

Se desploma una montaña en el tramonte a trece quilometros y cien metros.
el estruendo no me deja escucharte.
seguro que es bonito lo que hablas.

Luego me lo dices.

Después, me hablas otra vez, y ya no caen montañas.
Pero sigo sin escucharte.
Y solo estás a un metro y trece centimetros.

Dios tercero.



Pólvora negativa de la consciencia.

Siento un  Dios tercero omnipotente
un Dios  tercero que crea en mi.
de la misma arrebatadora forma que yo no creo en él.

Apenas has pasado


Seguro que una milésima de nada,
es apenas un capricho de lo que eres.
Tú, que tan de verdad eres
que te dejas impregnar durante un instante en mi cerebro.
Casi no has pasado.
y aún sin pasar
mueves elegante
mi cuerpo hacia tu tacto.

Aquel rato.

I
Nos miramos durante un rato
hasta que nos besamos
y aspiré por primera vez tu garganta infinita
con su olor a salado.
Fue un antojo de profundidad y deseo.

II

En ese momento de hambre mayúscula
se cegó el tiempo con caprichos de carne.
Caprichos que anhelaban ser la pérdida fugaz
de una copa llena de estímulos.

III
La luz se encendió de manera inocente en un arrebato de placidez caliente,
como lo orgánico recorriendo tu espalda.
Y en la intención que te hace ser vulnerable,
me volviste a encontrar
desnudo, mirándote
deseando que me marchara
para no desgastar más tu cuerpo.


Pon los pies ahí.


Colócate ahí, pon los pies encima de la mesa.
Es una orden.
Y  te retuerces  como un jirón
desplegando tu cuerpo
a lo largo del mundo
para hacer como que me besas.