Aquel rato.

I
Nos miramos durante un rato
hasta que nos besamos
y aspiré por primera vez tu garganta infinita
con su olor a salado.
Fue un antojo de profundidad y deseo.

II

En ese momento de hambre mayúscula
se cegó el tiempo con caprichos de carne.
Caprichos que anhelaban ser la pérdida fugaz
de una copa llena de estímulos.

III
La luz se encendió de manera inocente en un arrebato de placidez caliente,
como lo orgánico recorriendo tu espalda.
Y en la intención que te hace ser vulnerable,
me volviste a encontrar
desnudo, mirándote
deseando que me marchara
para no desgastar más tu cuerpo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario